El fin de la ilusión pacífica

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  • De la pandemia al rearme: el mundo que ya no cree en la estabilidad.

*Andrea Guidugli / Opinión

La Spezia, Italia.- El rearme silencioso que comenzó antes de Ucrania

Durante décadas, Europa y buena parte de Occidente vivieron bajo la ilusión de que la globalización había reducido el riesgo de una gran confrontación internacional. El comercio, las cadenas logísticas globales y la interdependencia económica parecían haber sustituido a la vieja lógica de la fuerza. La caída de la Unión Soviética alimentó además la idea de que las guerras entre grandes potencias pertenecían al pasado. Hoy resulta evidente que aquella percepción era, al menos parcialmente, una ilusión.

La guerra en Ucrania, las tensiones crecientes en Asia, la fragilidad del Medio Oriente y el deterioro progresivo de la seguridad internacional han obligado a los Estados a mirar nuevamente hacia la defensa militar, pero quizás el aspecto más interesante de este proceso es que el rearme no comenzó con la invasión rusa de Ucrania en 2022. En realidad, ya estaba en marcha mucho antes.

Incluso durante los años más dramáticos de la pandemia, mientras la opinión pública estaba concentrada en hospitales, mascarillas, confinamientos y ayudas económicas, numerosos gobiernos continuaban aprobando grandes programas militares terrestres, navales y aéreos. Italia, por ejemplo, avanzaba simultáneamente con uno de los mayores programas de vehículos blindados de su historia reciente: el Centauro II. El mensaje era claro, aunque todavía pocos lo percibieran: los Estados ya comenzaban a prepararse para un entorno internacional más inestable.

Según el SIPRI, el gasto militar mundial alcanzó en 2025 los 2,887 billones de dólares, en el undécimo año consecutivo de crecimiento. Europa aumentó su gasto un 14 %, el mayor incremento desde el final de la Guerra Fría, mientras Asia y Oceanía crecieron un 8,1 %. China incrementó su presupuesto militar por trigésimo primer año consecutivo. Las importaciones europeas de armamento prácticamente se triplicaron respecto al período anterior a la guerra en Ucrania, pero el verdadero cambio no es solamente cuantitativo, es psicológico y estratégico.

La percepción de que Estados Unidos ya no garantiza automáticamente la estabilidad global comenzó a extenderse silenciosamente entre aliados y adversarios. Donald Trump aceleró enormemente esa sensación de incertidumbre. Sus posiciones fluctuantes respecto de la OTAN, las discusiones sobre una posible reducción de tropas estadounidenses en Europa y la presión constante sobre los aliados europeos introdujeron un elemento nuevo: la posibilidad de que Washington deje de actuar como garante permanente del orden occidental.

No se trata necesariamente de una salida formal de la OTAN. Pero incluso la simple percepción de un compromiso estadounidense menos automático ya produce efectos profundos. Alemania, Polonia, Francia y varios países bálticos comenzaron a revisar aceleradamente sus planes militares. Europa volvió a hablar de autonomía estratégica, producción industrial de defensa y reservas de municiones, conceptos que durante años parecían casi obsoletos.

La incertidumbre se extiende además mucho más allá de Europa. Japón aumenta capacidades militares que hace apenas una década habrían sido políticamente impensables. Corea del Sur amplía programas navales y misilísticos. Australia acelera el desarrollo de submarinos nucleares en el marco del acuerdo AUKUS. Taiwán incrementa inversiones defensivas ante la presión creciente de Pekín. Precisamente en estos días, además, Donald Trump volvió a introducir incertidumbre estratégica tras su visita a China, afirmando que no quiere ver movimientos hacia una independencia formal de la isla y que Estados Unidos “no está buscando que alguien se vuelva independiente”. Sus palabras generaron preocupación en Taiwán y reforzaron la percepción de que Washington podría mantener una posición cada vez más ambigua en caso de crisis en el estrecho.

El mundo entero parece prepararse para escenarios más peligrosos.

La guerra industrial vuelve a Occidente

La guerra en Ucrania reveló además otro fenómeno mucho más profundo: las actuales capacidades industriales occidentales no estaban preparadas para un conflicto de alta intensidad prolongado. Durante algunos períodos del conflicto, Rusia y Ucrania llegaron a disparar conjuntamente decenas de miles de proyectiles diarios. La producción occidental de municiones de 155 mm resultó insuficiente frente a esos ritmos de consumo. Estados Unidos debió aumentar drásticamente su producción mensual de proyectiles. Europa comenzó a reabrir líneas industriales que durante años habían sido reducidas o directamente cerradas. Empresas como Rheinmetall anunciaron inversiones multimillonarias para ampliar capacidades productivas. La lógica de las últimas décadas, basada en inventarios reducidos y cadenas logísticas extremadamente eficientes pero vulnerables, comenzó a colapsar frente a la realidad de una guerra prolongada.

El mismo problema aparece hoy en los sistemas de defensa aérea y misiles interceptores. Los recientes enfrentamientos en Medio Oriente mostraron nuevamente el enorme costo económico de las guerras modernas. Cada ataque obliga a consumir interceptores extremadamente costosos que luego deben ser repuestos rápidamente. La capacidad industrial vuelve a convertirse así en un factor estratégico central, algo que Occidente prácticamente había olvidado tras el final de la Guerra Fría.

Sin embargo, la guerra en Ucrania también reveló otra contradicción incómoda. Mientras Europa mantiene sanciones contra Rusia y denuncia públicamente la agresión de Moscú, las exportaciones hacia varios países del espacio postsoviético crecieron de forma espectacular. Kirguizistán, Armenia, Uzbekistán y Tayikistán aumentaron notablemente sus importaciones procedentes de Alemania, España y otros países europeos. Oficialmente nadie vende componentes militares a Rusia. Extraoficialmente, las cadenas globales de suministro siguen funcionando mediante intermediarios, triangulaciones y productos de doble uso. La guerra moderna ya no puede separarse completamente de la globalización.

Un microchip diseñado en Estados Unidos puede terminar integrado en un sistema militar ruso tras atravesar varios países intermediarios. Componentes electrónicos, máquinas herramienta, ópticas, sensores o materiales industriales continúan circulando dentro de una economía mundial profundamente interconectada. Los embargos modernos ralentizan, encarecen y dificultan, pero rara vez logran bloquear completamente las cadenas de suministro.

América Latina entre necesidades y límites

América Latina tampoco permanece al margen de este fenómeno, aunque lo haga de manera mucho más fragmentada y desigual. Argentina logró concretar la compra de los F-16 daneses y busca recuperar capacidades estratégicas en el Atlántico Sur, incluyendo el debate sobre futuros submarinos. Brasil continúa fortaleciendo su industria militar y adquirió vehículos Centauro II italianos, manteniendo además una política relativamente coherente de modernización industrial y tecnológica. Chile, silenciosamente, continúa modernizando sus Fuerzas Armadas con una lógica de continuidad estratégica que desde hace décadas caracteriza a Santiago. Otros países, en cambio, muestran dificultades evidentes. Colombia continúa enfrentando problemas para modernizar parte de su flota blindada, mientras Perú permanece prácticamente paralizado tras las controversias generadas años atrás por el fallido proyecto de tanques chinos.

La región parece moverse entre necesidades estratégicas crecientes y limitaciones presupuestarias permanentes. A diferencia de Europa o Asia, América Latina no enfrenta hoy amenazas militares directas comparables, pero observa igualmente un entorno internacional cada vez más inestable e imprevisible.

Medio Oriente y el regreso de la incertidumbre global

Al mismo tiempo, Medio Oriente continúa acumulando nuevos focos de tensión. La crisis iraní, la fragilidad del Golfo y las recientes tensiones sectarias en Bahréin muestran hasta qué punto la región sigue siendo uno de los principales factores de inestabilidad global. Cualquier deterioro adicional entre las principales ramas del islam podría extender rápidamente la crisis hacia rutas energéticas, mercados financieros y seguridad marítima internacional.

El Mar Rojo continúa afectando rutas comerciales globales, mientras Medio Oriente entra en una fase todavía más peligrosa. Los ataques estadounidenses e israelíes contra objetivos iraníes, las operaciones israelíes en el sur del Líbano contra Hezbollah y la creciente tensión regional muestran hasta qué punto el conflicto dejó de limitarse a Gaza. Irán continúa proyectando influencia mediante redes aliadas y actores indirectos, mientras Israel incrementa simultáneamente sus capacidades ofensivas y defensivas ante la posibilidad de una confrontación regional más amplia.

Estados Unidos ya no mantiene solamente una fuerte presencia militar en la zona: participa directamente en operaciones militares y ataques selectivos, aumentando aún más la percepción global de que el sistema internacional está entrando en una fase de confrontación mucho más abierta e imprevisible.

El Papa y el nuevo clima internacional

Incluso el nuevo Papa León XIV sintió la necesidad de intervenir públicamente sobre el tema. El 14 de mayo afirmó que “no se llame defensa a un rearme que aumenta tensiones e inseguridad, empobrece inversiones en educación y salud y desmiente la confianza en la diplomacia y enriquece élites a las que nada importa el bien común”. Más allá del juicio moral, sus palabras reflejan un dato significativo: el debate sobre el rearme ya salió del ámbito estrictamente militar y comenzó a penetrar en la política, la economía y la sociedad.

Tal vez esa sea la verdadera noticia de nuestro tiempo. No solamente que el mundo se esté armando más. Sino que las grandes potencias parecen haberse convencido de que la era de la estabilidad posterior a la Guerra Fría ha terminado y mientras Occidente debate cómo reaccionar, China observa en silencio, continúa modernizando sus fuerzas armadas y aumenta su gasto militar por más de tres décadas consecutivas. La pregunta ya no es si Pekín se está preparando. La verdadera pregunta es para qué escenario se está preparando exactamente.

*Andrea Guidugli / Consultor y Periodista

Miembro Federación Periodistas de la
ciudad di Madrid. Periodista y Opinionista
acreditado por la Federación Internacional
de la Prensa de Bruselas
Italia / Articulista Invitado

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