*Juan Carlos García Islas / Opinión
Aguascalientes, México.- Los mercenarios, históricamente presentes desde la antigüedad, han evolucionado en el siglo XXI para desempeñar un papel central en actividades ilícitas y el crimen organizado transnacional, sosteniendo y beneficiándose de mercados ilegales como la minería, el tráfico de drogas y la explotación de personas.
El fenómeno mercenario se remonta a miles de años, empleado por poderes estatales y actores no estatales desde las Guerras Púnicas y las ciudades-estado del medioevo europeo.
En la modernidad, la privatización de la violencia, la multiplicación de actores armados y la creación de compañías militares privadas (PMC) han difuminado las fronteras legales y éticas entre mercenarismo y seguridad privada legitimada.
El vínculo entre mercenarismo y crimen organizado transnacional se ha estrechado mediante la “hibridación” de funciones militares con actividades criminales. La financiación de operaciones mercenarias frecuentemente se realiza a través de economías ilegales, incluido el blanqueo de capitales, facilitando así los flujos financieros ilícitos internacionales.
- Ejemplo destacado: En África, grupos como la Wagner Group (ahora “Africa Corps” en Rusia) han protegido regímenes a cambio de concesiones mineras, operando redes paralelas de extracción y comercio ilícito de oro y diamantes.
- En América Latina, facciones exguerrilleras y grupos narcos emplean mercados locales e internacionales en la protección de rutas de tráfico y explotación minera ilegal, particularmente en zonas como el Amazonas y la frontera colombo-venezolana.
La presencia mercenaria potencia otros mercados ilícitos:
- Minería ilegal: Los mercenarios aseguran zonas de extracción, desplazando comunidades indígenas y facilitando redes de prostitución y trata en los campamentos mineros.
- Tráfico de drogas: Proveen seguridad a laboratorios y rutas de narcotráfico, cobran “impuesto de protección” y lavan activos.
- Trata y explotación de personas: Actúan como intermediarios, seguridad o incluso proxenetas en redes internacionales de trata de personas, especialmente en contextos de posconflicto o debilidad estatal.
Los mercenarios constituyen un eslabón clave en la economía global ilícita, adaptándose a las oportunidades de mercados ilegales y sirviendo tanto a intereses estatales como criminales, con un grave impacto en la gobernabilidad, derechos humanos y seguridad internacional.
Su proliferación exige una mayor cooperación internacional, transparencia y regulación tanto de sus flujos financieros como de sus operaciones, una atención y enfoque multidimensional.
En el hemisferio occidental, el auge y proliferación de mercenarios vinculados al crimen organizado, mercados ilícitos, conflictos armados, crímenes políticos o de Estado y actividades de explotación ilegal ha estado profundamente asociado al desarrollo de grupos armados, cárteles, pandillas y empresas de seguridad privada que exceden sus funciones legales.
El fenómeno mercenario moderno en América surge a raíz de la profesionalización de actores armados no estatales tras conflictos armados como las guerras civiles centroamericanas y la reconfiguración de carteles mexicanos tras la “guerra contra las drogas” en los años 80 y 90. La desmovilización de fuerzas estatales, la reintegración precaria de excombatientes y la contratación de exmilitares y expertos extranjeros por grupos criminales consolidaron ejércitos privados con lógica mercenaria.
- En México y Centroamérica, los cárteles formaron unidades paramilitares con exmilitares nacionales y extranjeros, entrenando “soldados” con tácticas avanzadas, en ocasiones provenientes de mercados internacionales.
- En Colombia y Perú, la transición de guerrilleros y combatientes hacia la protección y explotación de economías ilegales derivó en la contratación de mercados para controlar territorios y rutas estratégicas.
En todo el hemisferio, los mercados ilegales juegan un papel central para el mercenario, que los convierte en facilitadores, operadores y protectores de mercados ilegales y actividades criminales transnacionales:
- Controlan territorios clave para el tráfico de drogas, armas y personas, enfrentando fuerzas estatales y grupos rivales con tácticas militares avanzadas.
- Administran “ejércitos privados” para la defensa de operaciones de minería ilegal, cultivos ilícitos y rutas de narcotráfico, garantizando impunidad y desplazando comunidades.
- Participa activamente en el lavado de dinero, conectando flujos financieros internacionales y locales provenientes de actividades ilícitas.
El hemisferio occidental evidencia una fuerte interacción mercenaria con mercados ilícitos, impulsando su expansión y sofisticación:
- Minería ilegal: Mercenarios aseguran minas clandestinas en Perú, Colombia, Brasil y Venezuela, donde la explotación de oro y diamantes produce enormes rentas para grupos criminales. En Perú y Colombia, los ingresos de la minería ilegal rivalizan e incluso superan los de drogas, según estudios de Global Initiative.
- Tráfico de drogas: Los mercados se emplean en la protección de laboratorios, rutas y cargamentos de combate, así como en operaciones de contra fuerzas adversarias y estatales.
- Trata de personas: Son intermediarios y vigilantes armados en rutas migratorias, campamentos mineros, y redes de explotación sexual y laboral. El uso de violencia extrema y la fragmentación estatal permiten que estas redes prosperen, especialmente en la frontera México–EE.UU., el corredor centroamericano y campamentos mineros de la Amazonía.
Impactos Sociopolíticos y Respuestas Internacionales
Los impactos sobre la gobernabilidad, derechos humanos y seguridad son severos:
- La “privatización de la violencia” debilita los estados, erosiona la legitimidad y alimenta ciclos de violencia, corrupción y desplazamiento social.
- El desplazamiento de comunidades, la destrucción ambiental y la explotación de personas inducen crisis humanitarias recurrentes.
- Organismos internacionales (UNODC, OEA, Global Initiative) insisten en la necesidad de cooperación regional, reforma policial y mejor control de empresas de seguridad privada y actores armados no estatales.
En el hemisferio occidental, el mercenarismo representa una dimensión clave de la economía ilícita y el crimen organizado, actuando como fuerza decisiva en la expansión de mercados ilegales, desde drogas hasta minería y trata de personas. La respuesta internacional requiere políticas integrales de regulación, cooperación fronteriza y acción coordinada para abordar los factores estructurales y operativos que sostienen esta proliferación mercenaria.
Simbiosis y relacionamiento con la violencia y crimen organizado en México del fenómeno mercenario global y hemisférico.
El fenómeno de los mercenarios en México está directamente ligado a la dinámica regional y global del crimen organizado y su sofisticación, con un impacto severo en la seguridad nacional, la defensa y la violencia en el país.
En México, grupos criminales como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Carteles Unidos, La Familia Michoacana y otros, han contratado exmilitares y mercenarios colombianos y de otras nacionalidades para fortalecer sus capacidades bélicas y operativas, especialmente en regiones clave para el narcotráfico y control territorial, como Michoacán, Guanajuato, Jalisco, Chihuahua y Sinaloa.
Este reclutamiento de mercenarios colombianos, algunos de ellos provenientes de los conflictos en oriente como Ucrania, Israel, Afganistán e Irak, es familiar en el hemisferio occidental, reproduce la tendencia global de militarización y privatización de la violencia vista en América Latina y otras regiones, donde el fenómeno mercenario es un eslabón crucial en las economías ilegales.
Las tácticas importadas, incluyendo la guerra cibernética, el uso de drones, minas antipersona y operaciones altamente entrenadas, elevan la letalidad y sofisticación del crimen organizado mexicano, reflejando patrones de crimen transnacional observados en África y otras zonas de conflicto.
La presencia de mercenarios fortalece estructuras paramilitares y grupos armados de los cárteles, facilitando la explotación de mercados ilícitos como tráfico de drogas, minería ilegal, extorsión, trata de personas y delitos ambientales.

La cooperación y el tráfico de mercados entre Colombia y México forma parte de un ecosistema hemisférico complejo que potencia la violencia y criminalidad, dificultando la acción estatal y complicando la seguridad y defensa nacionales.
La incorporación de mercenarios con entrenamiento militar profesional eleva la capacidad bélica del crimen organizado, generando un aumento en la violencia armada, ataques a fuerzas de seguridad y enfrentamientos prolongados, afectando notablemente la estabilidad regional.
El uso de tecnologías y tácticas avanzadas (tecnología cibernética, explosivos, armamento moderno) por estas fuerzas irregulares ha desafiado los modelos de seguridad pública y estrategias de defensa, exigiendo una adaptación en el despliegue de fuerzas y estrategias de combate al narcotráfico.
Las vías de financiamiento mercantil, a menudo ligadas al lavado de dinero y economías ilícitas locales e internacionales, influyen además en la corrupción y debilitamiento institucional en varios niveles de gobierno.
Criminalidad, mercados Ilícitos y violencia en México
Los mercenarios aseguran rutas y operaciones en los principales corredores de tráfico de drogas y personas hacia Estados Unidos, contribuyendo a la persistencia y expansión del narcotráfico y otras economías ilegales.
La minería ilegal en regiones como Michoacán y Guerrero, bajo protección y control de fuerzas paramilitares y mercenarias, sigue ligada a la deforestación, desplazamientos forzados y financiamiento de grupos criminales.
La trata de personas y extorsión también se ven potenciadas por estas redes armadas, que mantienen un alto grado de impunidad y control territorial en zonas vulnerables.
Autoridades mexicanas y colombianas trabajan en colaboración para frenar el reclutamiento de exmilitares colombianos, sin embargo, la problemática persiste y es reconocida como una amenaza creciente por responsables de seguridad pública y expertos en la materia.
El fenómeno se encuentra en el centro de planos estratégicos de seguridad nacional y políticas públicas, que buscan combatir la sofisticación del crimen organizado y sus vínculos internacionales.
La relación simbiótica entre los contextos global, hemisférico y mexicano del uso de mercenarios evidencia una compleja red de actores y dinámicas que influyen directamente en la seguridad defensa y niveles de violencia en México.
La integración de excombatientes y mercenarios extranjeros potencia la estructura y letalidad del crimen organizado, enmarcando el fenómeno dentro de ciclos transnacionales de violencia y criminalidad que requieren respuestas multinivel, cooperación intergubernamental y estrategias innovadoras para restaurar la gobernabilidad y seguridad en México.

Pero ¿Cómo influye la presencia de mercenarios extranjeros en la violencia en México?
¿Qué papel juegan las redes internacionales en el reclutamiento y contratación de mercenarios en México? ¿Cómo afecta la vinculación entre organizaciones crimínales organizadas y actores extranjeros a la seguridad nacional mexicana? ¿Qué estrategias puede implementar México para combatir la presencia de exmilitares en el crimen organizado, y mayor aun, en el actuar político nacional?
La presencia de mercenarios extranjeros y actores internacionales en México influye directamente en la violencia y la complejidad del crimen organizado en el país, afectando la seguridad nacional, la defensa y la estabilidad social. El reclutamiento de mercenarios extranjeros, principalmente exmilitares de Colombia, pero también de países como Guatemala, Ucrania, Rusia, Israel y Holanda, fortalece la capacidad operativa y bélica de los cárteles mexicanos, incrementando la violencia armada y la sofisticación en el uso de armas y tácticas.
Los mercenarios extranjeros, contribuyen a elevar la letalidad de los grupos criminales, en un contexto de competencia territorial por las rutas de narcotráfico hacia Estados Unidos y el control de recursos ilícitos como la minería ilegal y la trata de personas. El acceso a armamento sofisticado y el conocimiento táctico de estos mercados proporcionan a los cárteles ventajas en enfrentamientos con fuerzas de seguridad y grupos rivales.
Las redes transnacionales facilitan el tráfico y reclutamiento de exsoldados y mercenarios, quienes buscan nuevas oportunidades laborales, motivados por salarios más altos que los ofrecidos en sus países de origen. Estas redes operan desde y hacia países con conflictos prolongados o sectores militares desmovilizados como Colombia, Ucrania y Venezuela, y mantienen vínculos con organizaciones criminales en México para canalizar personal experto para entrenamiento, operaciones de combate y guerra cibernética.
Esta vinculación intensifica la violencia estructural y las amenazas a la seguridad nacional, generando desafíos para las fuerzas de seguridad ante la capacidad militarizada de los grupos criminales. Además, debilita las instituciones al profundizar la corrupción y la impunidad, mientras que la adquisición de tácticas y tecnología militar extranjera eleva el costo humano y social de la violencia.
México puede implementar diversas estrategias para enfrentar este fenómeno:
- Fortalecimiento de la cooperación internacional, especialmente con países proveedores de mercados, para interrumpir redes de reclutamiento y tráfico de personas.
- Mayor control y seguimiento a la transición y reintegración de militares en retiro para prevenir su captación por el crimen.
- Despliegue de tecnologías de inteligencia, vigilancia y ciberseguridad para contrarrestar tácticas bélicas y cibernéticas empleadas por mercados.
- Reformas legales para penalizar con mayor severidad el mercenarismo y fortalecer mecanismos de extinción de dominio sobre recursos captados por estas organizaciones.
- Capacitación y modernización de fuerzas de seguridad mexicanas para enfrentar amenazas militarizadas y paramilitares de alta especialización.
Los conflictos y dinámicas de crimen organizados en el hemisferio occidental, especialmente en Colombia y Centroamérica, han exportado experiencia, tácticas y personales a México, creando un círculo de violencia transnacional. La migración forzada de excombatientes y el debilitamiento institucional en la región han generado un flujo constante de mercados que alimentan la violencia creciente en México.
Este fenómeno refleja la interdependencia hemisférica en términos de seguridad y criminalidad, donde los focos de conflicto en un país afectan directamente la estabilidad en otros.
En suma, la violencia en México, potenciada por actores y mercados extranjeros, es una manifestación regional y global que requiere una respuesta integral multinivel que articule acciones nacionales e internacionales para mitigar esta amenaza compleja y multidimensional.
En síntesis, los mercenarios constituyen uno de los mayores riesgos actuales para la seguridad nacional mexicana y del hemisferio occidental, actuando como brazo profesional del crimen organizado y desafiando la capacidad estatal para garantizar el orden y la paz.
Su combate es un imperativo para la restauración de la gobernabilidad y la protección de la sociedad ante la compleja realidad de un crimen organizado internacionalizado y militarizado, luego entonces, este fenómeno demanda de las naciones del hemisferio, de los especialistas, un enfoque multidimensional y acciones en el mismo sentido.
*Juan Carlos García Islas / Experto en Defensa y Seguridad

Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública
Egresado William J. Perry Center for Hemispheric Defense Studies / National Defense University USA
Egresado Universidad del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos UDEFA
Presidente AIMCSE MEXICO (Asociación Internacional de Miembros de Cuerpos de Seguridad y Emergencias A.C. Capítulo México)
Director CIAS Consulting Group
México / Articulista invitado



